miércoles 9 de febrero de 2011

¿SAMARITANOS HOY?



¿Se puede hoy día, siglo XXI, ser todavía un buen samaritano?


Responderemos a esta pregunta atendiendo al consejo de la Sagrada Escritura:

“7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. / 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. / 9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. / 10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6:7-10)

La vida del hombre cambia en cuanto a usos y costumbres, en lo que se refiere a tecnología y conocimientos científicos, pero en lo medular no ha habido cambio. Seguimos enfermándonos, muriéndonos, enfrentados al dolor y la muerte. Puede que la ciencia avance y tengamos mayores comodidades que antaño, que las comunicaciones sean más expeditas que en siglos anteriores y aún que ahora habitemos un planeta “más pequeño”, un mundo global, pero todavía el ser humano se siente solo sin Dios, todavía se pregunta ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y hacia dónde voy? ¿Qué sentido tiene la vida?

Sin poder responder estas interrogantes por los caminos habituales de los hechos concretos y de la ciencia, aún es útil e imprescindible –y estamos seguros que siempre lo será- acudir a las explicaciones de la Sagrada Escritura, una Palabra que es eterna y jamás pasará de moda. Ésta nos habla de principios y leyes universales, como por ejemplo la “ley de la siembra y la cosecha” de la cual nos dice el texto de más arriba: “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Siempre que hagamos el mal cosecharemos mal, y cada vez que hagamos el bien a nuestro prójimo estaremos depositando semillas de bien a nuestro favor. Es algo inequívoco, “Dios no puede ser burlado”, así lo ha establecido en el universo creado por Él, que toda causa tiene su efecto.

Han pasado veinte siglos y unos años más, desde la venida de Jesucristo a esta tierra, desde la predicación del Evangelio del Amor, cuando fuera expuesta la Parábola del Buen Samaritano y Jesús dijera al religioso “Ve, y haz tú lo mismo” (San Lucas 10:37), es decir ten misericordia de tu prójimo en problemas. La Iglesia cristiana ha procurado demostrar en palabras y hechos esa enseñanza en todo el planeta, abriendo todo tipo de obras sociales y benéficas, impulsando la rehabilitación de las personas con discapacidad y llevando el mensaje de la Biblia, sea en forma oral o escrita, adaptándolo a las diversas necesidades, ora en Braille, ora en Señas, en Macrotipos y distintas modalidades.

Esa actitud de servicio, derivada del verdadero amor hacia el prójimo, resulta en cuatro actitudes fundamentales del buen samaritano:
1) Compasión o misericordia, que da consolación al afligido.
2) Bondad, que resulta en una ayuda efectiva al prójimo.
3) Disposición a ayudar con alegría y no como una obligación.
4) Dar y darse con generosidad.

Podemos criticar que quienes han hecho este servicio no lo hicieron de corazón, cuestionar sus métodos y aún reclamar: estamos en el siglo XXI y todavía no se resuelve el problema de la discapacidad. Podremos dudar aún de nuestra propia capacidad de amar y confrontar métodos y proyectos con los resultados concretos, pero si miramos a nuestro rededor veremos que tampoco la guerra se ha terminado en el planeta; que los problemas ecológicos van en aumento y estamos al borde, si no ya en medio, de un desastre ambiental; que hay pandemias y enfermedades no resueltas; que la educación y otras necesidades sociales son asuntos pendientes en una gran cantidad de países. Olvidamos las palabras de Jesús: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien…” (San Marcos 14:7) La pobreza, la falta de educación, los problemas de salud, las enfermedades, la discapacidad… siempre la tendremos con nosotros. Esto no quiere decir que nos vamos a rendir ante los problemas, sino que éstos están allí para que el amor, la fe, la paz y la esperanza cristianas sean puestos en acción, como dijo Jesús acerca de un hombre ciego “para que las obras de Dios se manifiesten en él” (San Juan 9:3)

La consolación de una persona con discapacidad, una buena ayuda a quien está en ese problema, estar dispuestos a hacerlo con alegría, dar generosamente lo que estamos capacitados para entregar, son una buena obra de Dios en nosotros, el trabajo de todo samaritano. No nos cansemos, entonces, de hacer el bien, aunque hayan pasado los siglos y aún están allí los problemas; y pareciera que en nada hemos avanzado. Recordemos que “a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Donde exista un problema en esta tierra, siempre será necesario un buen samaritano dispuesto a resolverlo. Tal vez no le dé completa solución, pero pondrá todo el amor que Dios le ha entregado para hacerlo. Este es el sentido del Evangelio. ¿Se puede todavía hoy ser samaritano? Sí, la respuesta a nuestra pregunta inicial es indudablemente esta:

Sí, todavía en el siglo XXI, se puede ser un buen samaritano.