
SAMARITANOS DEL TERCER MILENIO (2)
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. / Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, / que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; / perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; / llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”
2 Corintios 4:6-10.
Objetivo: Comprender y aceptar la soberanía del Señor sobre la discapacidad.
En la Biblia no se encuentra la palabra “discapacidad”, “incapacidad” o “minusvalía”. Estos son términos de los últimos siglos, utilizados para referirse más o menos adecuadamente a aquel grupo de personas que sufren alguna alteración, de nacimiento o adquirida durante su vida, en alguna de sus funciones sensoriales, motrices o psíquicas. Tampoco utiliza la Sagrada Escritura el término “incapaz”. Si queremos rastrear en la palabra de Dios, Su pensamiento acerca de este importante tema, tendremos que dirigirnos a la búsqueda de las palabras ciego, cojo, sordo, endemoniado, epiléptico, etc.
La primera aparición de un término o concepto en la Escritura, juega un papel muy importante en la posterior exégesis de los textos que contengan esas palabras. Por ejemplo sucede esto con la palabra “luz”, la que encontramos por primera vez en el tercer y cuarto versículo del primer capítulo de Génesis. Es lo primero que Dios crea en el planeta, le satisface encontrándola “buena” y establece de inmediato una diferencia y separación entre ella y las tinieblas, entre el día y la noche. De allí en adelante luz será siempre símbolo de Su bondad, Su realidad y Su gobierno. Es un principio hermenéutico que la primera mención de una palabra en el texto sagrado determina su interpretación.
Excusas humanas ante el desafío de Dios. Bajo este principio vamos entonces a examinar y analizar cuando se registra por primera vez en la Biblia una discapacidad y en que contexto ocurre. Esto nos lleva directamente al libro de Éxodo, donde leemos: “Y el Señor le dijo: Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy yo, el Señor?” (Éxodo 4:11) (1). Esta es la sorprendente respuesta que Dios da al asustado Moisés, quien ve ante sí una comisión muy difícil de llevar a cabo. Sus excusas son: a) que es un hombre sin elocuencia, lo cual es difícil de creer, si tomamos en cuenta las palabras de Esteban (Hechos 7:22) y su misma conducta posterior con el pueblo hebreo en el desierto; b) que es “tardo en el habla y torpe de lengua”, aduce que tiene una discapacidad –de allí la respuesta del Señor- una tartamudez que le impedirá el liderazgo.
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. / Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, / que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; / perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; / llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”
2 Corintios 4:6-10.
Objetivo: Comprender y aceptar la soberanía del Señor sobre la discapacidad.
En la Biblia no se encuentra la palabra “discapacidad”, “incapacidad” o “minusvalía”. Estos son términos de los últimos siglos, utilizados para referirse más o menos adecuadamente a aquel grupo de personas que sufren alguna alteración, de nacimiento o adquirida durante su vida, en alguna de sus funciones sensoriales, motrices o psíquicas. Tampoco utiliza la Sagrada Escritura el término “incapaz”. Si queremos rastrear en la palabra de Dios, Su pensamiento acerca de este importante tema, tendremos que dirigirnos a la búsqueda de las palabras ciego, cojo, sordo, endemoniado, epiléptico, etc.
La primera aparición de un término o concepto en la Escritura, juega un papel muy importante en la posterior exégesis de los textos que contengan esas palabras. Por ejemplo sucede esto con la palabra “luz”, la que encontramos por primera vez en el tercer y cuarto versículo del primer capítulo de Génesis. Es lo primero que Dios crea en el planeta, le satisface encontrándola “buena” y establece de inmediato una diferencia y separación entre ella y las tinieblas, entre el día y la noche. De allí en adelante luz será siempre símbolo de Su bondad, Su realidad y Su gobierno. Es un principio hermenéutico que la primera mención de una palabra en el texto sagrado determina su interpretación.
Excusas humanas ante el desafío de Dios. Bajo este principio vamos entonces a examinar y analizar cuando se registra por primera vez en la Biblia una discapacidad y en que contexto ocurre. Esto nos lleva directamente al libro de Éxodo, donde leemos: “Y el Señor le dijo: Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy yo, el Señor?” (Éxodo 4:11) (1). Esta es la sorprendente respuesta que Dios da al asustado Moisés, quien ve ante sí una comisión muy difícil de llevar a cabo. Sus excusas son: a) que es un hombre sin elocuencia, lo cual es difícil de creer, si tomamos en cuenta las palabras de Esteban (Hechos 7:22) y su misma conducta posterior con el pueblo hebreo en el desierto; b) que es “tardo en el habla y torpe de lengua”, aduce que tiene una discapacidad –de allí la respuesta del Señor- una tartamudez que le impedirá el liderazgo.
Anteriormente Moisés le ha planteado a Jehová muy racionalmente, lo cual esconde su propia falta de fe en Dios, “¿Y si no me creen, ni escuchan mi voz?” Parece muy lógica esta pregunta, revela incluso que conoce la desconfianza que él, un egipcio por cultura aunque hebreo de sangre, puede despertar en su pueblo. Ellos podrán decir “No se te ha aparecido el Señor” (Éxodo 4:1). La respuesta de Dios es proveerle de tres señales, las cuales deberían haber sido lo bastante contundentes para convencer al aterrorizado Moisés: 1) su vara se convierte en serpiente; 2) su mano se vuelve leprosa al meterla en su seno, cuando él lo quiera; 3) capacidad de convertir en sangre el agua del río Nilo (Éxodo 4:2-9).
Debilidad humana versus soberanía de Dios. ¿Qué significa todo esto dentro del contexto de la discapacidad? Moisés representa al ser humano que, aún ante la presencia del Dios Todopoderoso, duda y evita cualquier responsabilidad. ¿No nos retrata acaso a cada uno de nosotros este hombre pusilánime (2) frente al desafío que la vida le presenta? Siempre evitamos el dolor, huimos del sufrimiento y buscamos sólo aquello que nos es agradable y placentero; la vida, mientras más fácil, es mejor para la mayoría de las personas. Criticamos la actitud de Moisés pero ¿no habríamos reaccionado igual, o tal vez peor, nosotros?
Nuestro personaje ha dado sólo excusas. Nos recuerda a los invitados de la parábola de la gran cena, quienes se excusan así: “He comprado un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses./ Y otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses./ También otro dijo: Me he casado, y por eso no puedo ir” (San Lucas 14:18-20). La última excusa que da Moisés es una probable discapacidad y por tanto no podrá convencer al pueblo hebreo ni hablar a faraón. En ningún momento piensa en el poder de Dios y antepone su débil humanidad a la soberanía del Señor. A las quejas del hombre, el Dios Omnipotente, responde con autoridad.
La respuesta de Jehová el Señor es simple y directa: “Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy yo, el Señor?”. En otras palabras: Si Yo hice la boca, las cuerdas vocales, la garganta, los oídos con sus tímpanos y los ojos con sus retinas; si Yo hice al ser humano, entonces Yo puedo perfectamente, si quiero, dejarlo sordo, tartamudo o ciego. Asimismo puedo también devolverle la vista, la audición o el habla, cuando Yo quiera. Dios invita al ser humano a tener una fe ciega, absoluta en Él, su Creador; espera que nosotros confiemos plenamente en Su poder y aceptemos Su voluntad. Esto es respeto de la autoridad y soberanía de Dios. Cuando se habla de la soberanía de una nación sobre su territorio, se refiere a la total libertad de esos ciudadanos para decidir y gobernar sobre su tierra; igualmente en el caso de Dios, Él es Soberano sobre todo lo que ha creado, tiene el derecho a dar o a quitar, sin intervención de hombre, ángel o cualquier otra criatura.
La discapacidad se ubica bajo la soberanía de Dios. Saquemos de nuestra mente que la sordera, la ceguera y cualquier otra invalidez son obra de Satanás, o corresponden a culpas humanas, o que son castigos del Señor, o que son faltas de victoria espiritual. Quitémosle al asunto de la discapacidad toda connotación espiritual negativa, que en nada ayuda al proceso de rehabilitación integral (3). Si un niño ha nacido con tal o cual dificultad es para que sus padres, él mismo y todo su entorno desarrollen la confianza en el gran poder y amor de Dios para que esa persona crezca física, social y espiritualmente tanto como sea capaz. Si alguien adquiere en determinado momento de su vida una discapacidad, no es para renegar contra el Hacedor ni para vivir exorcizándolo y tratándole como un endemoniado, sino para acercarnos más al que nos ha rehabilitado integralmente en Cristo, el Médico de nuestras almas.
La respuesta de Jehová el Señor es simple y directa: “Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy yo, el Señor?”. En otras palabras: Si Yo hice la boca, las cuerdas vocales, la garganta, los oídos con sus tímpanos y los ojos con sus retinas; si Yo hice al ser humano, entonces Yo puedo perfectamente, si quiero, dejarlo sordo, tartamudo o ciego. Asimismo puedo también devolverle la vista, la audición o el habla, cuando Yo quiera. Dios invita al ser humano a tener una fe ciega, absoluta en Él, su Creador; espera que nosotros confiemos plenamente en Su poder y aceptemos Su voluntad. Esto es respeto de la autoridad y soberanía de Dios. Cuando se habla de la soberanía de una nación sobre su territorio, se refiere a la total libertad de esos ciudadanos para decidir y gobernar sobre su tierra; igualmente en el caso de Dios, Él es Soberano sobre todo lo que ha creado, tiene el derecho a dar o a quitar, sin intervención de hombre, ángel o cualquier otra criatura.
La discapacidad se ubica bajo la soberanía de Dios. Saquemos de nuestra mente que la sordera, la ceguera y cualquier otra invalidez son obra de Satanás, o corresponden a culpas humanas, o que son castigos del Señor, o que son faltas de victoria espiritual. Quitémosle al asunto de la discapacidad toda connotación espiritual negativa, que en nada ayuda al proceso de rehabilitación integral (3). Si un niño ha nacido con tal o cual dificultad es para que sus padres, él mismo y todo su entorno desarrollen la confianza en el gran poder y amor de Dios para que esa persona crezca física, social y espiritualmente tanto como sea capaz. Si alguien adquiere en determinado momento de su vida una discapacidad, no es para renegar contra el Hacedor ni para vivir exorcizándolo y tratándole como un endemoniado, sino para acercarnos más al que nos ha rehabilitado integralmente en Cristo, el Médico de nuestras almas.
Dios está sobre toda discapacidad y de Él depende que alguien viva toda su vida con ella o se recupere. Ninguna de las dos alternativas es absoluta, pues sabemos que Él es un Dios de milagros, pero quizás el gran milagro que Él quiere hacer, permitiendo una discapacidad, sea la conversión de aquellos que rodean a la persona con discapacidad. De acuerdo al texto examinado, el origen de la discapacidad está en Dios mismo, que la permite en la raza caída de Adán. Hoy caminamos con los ojos puestos en la esperanza de vida eterna y sufrimos enfermedad, problemas de toda índole y alguna discapacidad, mientras estamos en este cuerpo, pues llevamos el tesoro de Su Espíritu Santo en nuestro ser como en vasos de barro.
PARA REFLEXIONAR.
1) ¿Qué opina usted del término “discapacidad”?
2) Si el propósito de Dios fue crear a un ser humano perfecto ¿por qué existe la discapacidad?
3) ¿Ha tenido usted alguna vez la actitud de Moisés presentada en esta lección?
(1) En todas las citas bíblicas de esta lección se utiliza “La Biblia de las Américas”, The Lockman Foundation, USA., 1986; salvo que se indique lo contrario.
(2) Pusilánime: Falto de ánimo, tímido, corto, apocado.
(3) Proceso de educación y rehabilitación de las personas con discapacidad, que considera al individuo como un ser trinitario, con cuerpo, mente y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23; 3 San Juan 1:2).
PARA REFLEXIONAR.
1) ¿Qué opina usted del término “discapacidad”?
2) Si el propósito de Dios fue crear a un ser humano perfecto ¿por qué existe la discapacidad?
3) ¿Ha tenido usted alguna vez la actitud de Moisés presentada en esta lección?
(1) En todas las citas bíblicas de esta lección se utiliza “La Biblia de las Américas”, The Lockman Foundation, USA., 1986; salvo que se indique lo contrario.
(2) Pusilánime: Falto de ánimo, tímido, corto, apocado.
(3) Proceso de educación y rehabilitación de las personas con discapacidad, que considera al individuo como un ser trinitario, con cuerpo, mente y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23; 3 San Juan 1:2).
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