jueves 5 de enero de 2012

DOS NUEVAS SAMARITANAS.


Hoy, 5 de enero de 2012, han expresado su vocación de servicio a las personas enfermas en hospitales, enfermos terminales, niños y ancianos, dos hermanas de la Iglesia Cristiana Discípulos de Jesucristo. Ellas son Ximena y Maritza, ambas con grandes capacidades artísticas, sentido humanitario y conocimientos. Solicitaron misionar a nombre de la Iglesia y el Espíritu Santo confirmó esa vocación.


En una breve y sencilla ceremonia, ante el altar, el Pastor Iván Tapia leyó en el Evangelio según San Lucas, capítulo 10, la Parábola del Buen Samaritano. Luego, el Pastor y la Diaconisa Elena Montaner, oraron por ambas, les entregaron un Nuevo Testamento timbrado y dedicado, más un librito para socorrer a los que sufren, y fueron ungidas para el servicio como "samaritanas".


Acordamos visitar para dar apoyo espiritual e integral a los enfermos y los ancianos. Todos dimos testimonio de la voluntad de Dios en nuestros corazones y de la poderosa presencia del Espíritu Santo.

viernes 23 de diciembre de 2011

UN LUGAR PARA JESUCRISTO.


“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”
Lucas 2:7
Este texto, a nuestro juicio, no está destacando la pobreza de la familia de Jesús, ya que estos, sin ser una familia pudiente, tampoco eran miserables. Mas bien se ve una familia común, sencilla, él un obrero con un oficio digno, ella una mujer honorable, ambos del linaje de David pero sin grandes riquezas materiales. Como hombre de trabajo, José no estaba en la miseria, pero tampoco poseía la riqueza que en todas las épocas compra lo que quiere. Creemos que Dios simplemente quiso destacar que, tal como en el mundo de hoy y en todas las épocas en que el ser humano ha buscado sólo su satisfacción egoísta, en este mundo no hubo, no hay ni habrá un lugar para el Salvador. El pecador se siente satisfecho y conforme de su condición y Dios no tiene espacio en su vida.

La versión popular DHH dice: "Y allí nació su primer hijo, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón". Nadie supo que la virgen María estaba cargando cerca de su corazón al Salvador del mundo, tampoco lo sabía el dueño del mesón en Belén. No había lugar para ella en el mesón para dar a luz a su primogénito. Jesús nació en pobreza y humildad, envuelto en pañales y acostado en el pesebre de un establo.

Una versión católica narra "Mientras estaban allí, se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada". Jesucristo no tuvo un buen samaritano que le acogiera en su nacimiento, no siempre lo tuvo en su vida, menos en su muerte. ¿Estaría pensando en ello al contar la Parábola Del Buen Samaritano?

Jesucristo, al nacer como hombre, ni siquiera tuvo un lugar donde cobijarse en forma decente, sino que nació entre animales. Ya que iban sus padres de viaje, podría haber nacido en un mesón pero no tuvo ese privilegio. Nuestro Señor no nació en un mesón sino en un establo; la Biblia dice "porque no había lugar para ellos en el mesón". No podemos tomar este hecho como algo sin importancia, un mero detalle o casualidad. En la palabra de Dios, como en la vida, nada es casual. San Pablo dice con firmeza "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Filipenses 2:5-8). Jesús se humilló hasta lo sumo: siendo Dios se hizo hombre, como hombre nació en un lugar de animales, vivió sus últimos años dedicado al ministerio y sin tener dónde recostar la cabeza y murió como un delincuente, traicionado y negado por sus amigos.

El mesón de Jesucristo fue su propia familia: José y María, el amor de sus padres terrenos y el Amor de su Padre Celestial en el Espíritu Santo. El no tuvo un mesón físico, sino uno espiritual, para que nosotros sí tuviésemos un mesón concreto y espiritual: la comunidad cristiana, los hermanos que nos acogen, los ministerios que nos otorgan la visión y el cuidado pastoral para crecer a la estatura de Jesús, la Iglesia que nos acepta y nos conduce en el ejercicio de la fe. El mesón es el lugar donde nace, vive y muere el cristiano.

En Belén, como hoy día en cualquier ciudad del mundo, no había lugar para el Hijo de Dios. Jesús dice que todo cuanto hagamos a uno de sus pequeñitos a él lo hacemos, si visitamos al pobre a él visitamos, si curamos al enfermo a él le sanamos, si vamos donde el preso o nos condolemos del discapacitado, a él estamos acudiendo y siendo movidos a misericordia. Ayer como hoy, no hay lugar para el que tiene necesidad. Por eso es tan importante este versículo bíblico cuando destaca la carencia de un lugar para el Amor. Esa es la gran ausencia del mundo actual, su gran necesidad: dar amor y recibir amor. Todos quieren recibir cosas materiales, placeres, dinero, pero nadie quiere dar amor. El mundo actual está interesado en recibir lo que atañe a la carne, tampoco le interesa recibir la palabra de Dios, la sabiduría de lo alto, la luz de Cristo; prefieren doctrinas que les permitan continuar pecando, que les den aquello que pueda tranquilizar sus conciencias sucias pero que no exija nada de ellos. No hay lugar para la Verdad, todavía no hay lugar, como en Belén, para Jesucristo.

Como en el mesón no hubo lugar para Jesús, hoy tampoco hay lugar para los discapacitados en la sociedad. Cuando en la Iglesia no hay lugar para el discapacitado, es a Cristo a quien se está dejando fuera. El mesón, no el establo, es el lugar de los discapacitados. La frase "no había lugar para ellos en el mesón" quiere transmitirnos el desprecio, la indiferencia y el egoísmo de una sociedad sin amor por el que sufre. Todavía, a pesar de la proclamación del Evangelio en todo lugar, la sociedad autoproclamada "cristiana" mantiene segregadas a las personas con discapacidad.

Así como en Jeremías 9:1-2 el Mesón es un lugar de confrontación con nuestra miserable condición de pecadores; en este verso (San Lucas 2:7) nos recuerda, por oposición, que el mesón es el lugar de los que sufren.

sábado 27 de agosto de 2011

IGLESIA EVANGÉLICA TRABAJA CON PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

Consulta:
Hola:

Mi nombre es Matías Poblete Sandoval, pertenezco a la Catedral Evangélica de Chile.

Necesito contactar al pastor Iván Tapia Contardo, ya que, en mi iglesia trabajamos con personas con discapacidad desde hace 3 años, y nos gustaría que él nos orientara de acuerdo a su experiencia.

Estaré muy atento a su respuesta, si es posible que nos dé un número de teléfono sería mejor. Mis teléfonos son: Casa (02)2113419-Celular (078521938.

Es muy importante para mi contactarme con el pastor.
Saludos,
Matías Poblete Sandoval

Respuesta:
Estimado hermano Matías Poblete:

Con agrado le daré orientaciones para trabajar en su Iglesia con personas con discapacidad. Cuénteme cuántas personas tiene y cuáles son sus discapacidades. También es importante saber si entre los hermanos de su Iglesia hay profesores, parvularias u otros profesionales relacionados con la Educación. Le digo esto último porque ellos pueden ser muy útiles en la atención de estos hermanos con discapacidad. A la espera de sus consultas e informaciones básicas, le saluda afectuosamente en Cristo,

Pastor Iván Tapia

miércoles 9 de febrero de 2011

¿SAMARITANOS HOY?



¿Se puede hoy día, siglo XXI, ser todavía un buen samaritano?


Responderemos a esta pregunta atendiendo al consejo de la Sagrada Escritura:

“7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. / 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. / 9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. / 10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6:7-10)

La vida del hombre cambia en cuanto a usos y costumbres, en lo que se refiere a tecnología y conocimientos científicos, pero en lo medular no ha habido cambio. Seguimos enfermándonos, muriéndonos, enfrentados al dolor y la muerte. Puede que la ciencia avance y tengamos mayores comodidades que antaño, que las comunicaciones sean más expeditas que en siglos anteriores y aún que ahora habitemos un planeta “más pequeño”, un mundo global, pero todavía el ser humano se siente solo sin Dios, todavía se pregunta ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y hacia dónde voy? ¿Qué sentido tiene la vida?

Sin poder responder estas interrogantes por los caminos habituales de los hechos concretos y de la ciencia, aún es útil e imprescindible –y estamos seguros que siempre lo será- acudir a las explicaciones de la Sagrada Escritura, una Palabra que es eterna y jamás pasará de moda. Ésta nos habla de principios y leyes universales, como por ejemplo la “ley de la siembra y la cosecha” de la cual nos dice el texto de más arriba: “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Siempre que hagamos el mal cosecharemos mal, y cada vez que hagamos el bien a nuestro prójimo estaremos depositando semillas de bien a nuestro favor. Es algo inequívoco, “Dios no puede ser burlado”, así lo ha establecido en el universo creado por Él, que toda causa tiene su efecto.

Han pasado veinte siglos y unos años más, desde la venida de Jesucristo a esta tierra, desde la predicación del Evangelio del Amor, cuando fuera expuesta la Parábola del Buen Samaritano y Jesús dijera al religioso “Ve, y haz tú lo mismo” (San Lucas 10:37), es decir ten misericordia de tu prójimo en problemas. La Iglesia cristiana ha procurado demostrar en palabras y hechos esa enseñanza en todo el planeta, abriendo todo tipo de obras sociales y benéficas, impulsando la rehabilitación de las personas con discapacidad y llevando el mensaje de la Biblia, sea en forma oral o escrita, adaptándolo a las diversas necesidades, ora en Braille, ora en Señas, en Macrotipos y distintas modalidades.

Esa actitud de servicio, derivada del verdadero amor hacia el prójimo, resulta en cuatro actitudes fundamentales del buen samaritano:
1) Compasión o misericordia, que da consolación al afligido.
2) Bondad, que resulta en una ayuda efectiva al prójimo.
3) Disposición a ayudar con alegría y no como una obligación.
4) Dar y darse con generosidad.

Podemos criticar que quienes han hecho este servicio no lo hicieron de corazón, cuestionar sus métodos y aún reclamar: estamos en el siglo XXI y todavía no se resuelve el problema de la discapacidad. Podremos dudar aún de nuestra propia capacidad de amar y confrontar métodos y proyectos con los resultados concretos, pero si miramos a nuestro rededor veremos que tampoco la guerra se ha terminado en el planeta; que los problemas ecológicos van en aumento y estamos al borde, si no ya en medio, de un desastre ambiental; que hay pandemias y enfermedades no resueltas; que la educación y otras necesidades sociales son asuntos pendientes en una gran cantidad de países. Olvidamos las palabras de Jesús: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien…” (San Marcos 14:7) La pobreza, la falta de educación, los problemas de salud, las enfermedades, la discapacidad… siempre la tendremos con nosotros. Esto no quiere decir que nos vamos a rendir ante los problemas, sino que éstos están allí para que el amor, la fe, la paz y la esperanza cristianas sean puestos en acción, como dijo Jesús acerca de un hombre ciego “para que las obras de Dios se manifiesten en él” (San Juan 9:3)

La consolación de una persona con discapacidad, una buena ayuda a quien está en ese problema, estar dispuestos a hacerlo con alegría, dar generosamente lo que estamos capacitados para entregar, son una buena obra de Dios en nosotros, el trabajo de todo samaritano. No nos cansemos, entonces, de hacer el bien, aunque hayan pasado los siglos y aún están allí los problemas; y pareciera que en nada hemos avanzado. Recordemos que “a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Donde exista un problema en esta tierra, siempre será necesario un buen samaritano dispuesto a resolverlo. Tal vez no le dé completa solución, pero pondrá todo el amor que Dios le ha entregado para hacerlo. Este es el sentido del Evangelio. ¿Se puede todavía hoy ser samaritano? Sí, la respuesta a nuestra pregunta inicial es indudablemente esta:

Sí, todavía en el siglo XXI, se puede ser un buen samaritano.

martes 1 de febrero de 2011

VISITA A IGLESIA EN MADRID.

Predicando acerca del buen samaritano, en Madrid.

Vista del templo Iglesia Los Hermanos en Madrid.


Pastores Antonio Padilla, fundador de Ministerio Nueva Luz (derecha)
e Iván Tapia (izquierda)

Visita del MBS a Iglesia en Madrid.
Al centro, con lentes oscuros, el pastor Antonio Padilla.

lunes 24 de enero de 2011

FRUTOS DEL MINISTERIO


Pastor Iván... nunca olvidaré donde se enraizó mi llamado con las personas diferentes y especiales...fue precisamente en el Ministerio del Buen Samaritano... dio frutos : *una carrera, *el amor hacia los universos diferentes, *sensibilidad que mi hijo ha heredado... *la bendición de encontrarlos dondequiera que vaya...

Claudia Sanzana
Samaritana chilena residente en España

jueves 31 de diciembre de 2009

AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TÍ MISMO.


Tiempo atrás, por mi trabajo me encontraba en el norte de Chile. Era mediodía, el aire seco del desierto y el sol muy fuerte obligaba a todos a caminar pegado a las paredes para lograr un poco de sombra. Pero ese día algo me hizo salir de ese caminar: mi vista se posó en un hombre joven, muy flaco, que estaba sentado en la vereda a pleno sol y con las manos sobre su cabeza. Dudé un instante en seguir de largo, y así lo hice. Pero mi conciencia -de inmediato- me lo enrostró. Me devolví, me acerqué y senté a su lado. Le pregunté que le pasaba. En balbuceos me dijo que estaba desesperado, abandonado, sin trabajo, sin dinero, lejos de su ciudad y familia. Lo persuadí a tomar un refresco, un poco de comida y conversar. Aceptó.

No es el caso relatar su tragedia, baste decir que ya tenía en sus manos cicatrices de intentos de suicidio, dormía en una banca de la plaza. Su problema se había iniciado por una grave falta que había cometido, de lo cual estaba arrepentido, pero no lo habían perdonado, había sido excluido y le habían cerrado todas las puertas. Conversé largamente con él, logré ubicar a un familiar que vivía en el otro extremo del país y que aceptó recibirlo. Lo surtí de alimento, vestí modestamente y lo puse en un bus con algo de dinero para dicho largo viaje de 24 horas.

La historia sigue con un buen final, pero para los efectos de esta reflexión debo llegar hasta aquí. Él me preguntó porqué lo hacía y cuando le explicaba que lo hacía por ser yo cristiano y él ser mí prójimo a quien Jesús había puesto en mi camino, parpadeaba incrédulo y me decía que era caso raro, difícil de comprender. La gente que pasaba a nuestro lado, nos ignoraba, muy pocos se percataban de lo que acontecía. No les interesaba, no era un problema de ellos. Así somos, es nuestro mundo frío de amor: ciegos e indiferentes.

Día a día, por donde transitamos, vivimos y trabajamos, lo hacemos inmersos junto a otras personas que no conocemos, unos van, otros vienen, otros caminan al lado nuestro sin conocernos ni entablar una conversación. Todos los días es lo mismo. Lo hacemos en forma autómata, preocupados en nuestros afanes, deseos, problemas o sueños personales. Pero, preguntémonos ¿abrimos nuestros ojos para ver con más detención lo que el rostro y aspecto de esas otras personas pudiesen estar diciéndonos? Ciertamente no lo hacemos, pues no nos damos el tiempo ni deseamos hacernos de los problemas o angustias de los otros. Sin embargo, como cristianos y católicos estamos conscientes que nuestro anhelo es llevar un comportamiento solidario y ejemplar a los ojos de Dios para alcanzar la recompensa de la vida eterna. Oramos, vamos a misa, damos una educación religiosa a nuestros hijos, cumplimos con pagar el diezmo, proclamamos nuestra fe sin miedo y estamos siempre atentos a seguir las orientaciones que nos dan los sacerdotes y obispos ¡Muy bien! ¡Muy bien! Pero ¿Es suficiente? ¿Qué pensará Dios? "No basta decir Señor, Señor, para entrar en el reino de los cielos, sino que hay que realizar la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt. 7, 21).

Jesús ante la pregunta ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? responde «amarás a tu prójimo como a ti mismo». La respuesta es categórica, no deja espacio para interpretaciones evasivas o acomodaticias. Este imperativo de Jesús debemos grabarlo en nuestro corazón y actuar con pasión -en el día a día- conforme a ello. Si no lo hacemos desde hoy, el mundo no cambiará y nos alejaremos de Dios, aunque llevemos una vida “piadosa” de oración y adoración al Señor.

El amor no consiste solo en conmoverse ante la desgracia o miseria del otro, va mucho más allá, es actuar a favor del otro, aunque no sea un familiar o amigo, es traspasar nuestro círculo más inmediato para dar lo que muchas veces no nos sobra y es también darle parte de nuestro tiempo. Los invito a reflexionar y a tomar el compromiso en el día de hoy a actuar así -al menos- ante un caso concreto para dar un primer paso. Jesús nos observa y nos dice: ¡Hazlo! ¿Qué esperas? Creo, que seremos verdaderos cristianos cuando nos compadezcamos y ayudemos a los demás con acciones solidarias y no con una caridad monetaria por el solo cumplir, sin sacrificio y pasión.

Patricio Gómez Bahamonde (Chile)


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